Los derechos corporativos frente a la necesidad humana

Fundación para Investigaciones Ambientales

 

Durante muchos años, en los países "desarrollados", el mercado potencial de los alimentos infantiles y la leche de fórmula infantil se ha ido reduciendo debido a la disminución de la natalidad. Debido a esto, con el fin de crear una nueva demanda para sus productos, las corporaciones de alimentos infantiles han buscado agresivamente "abrir nuevos mercados" en el Tercer Mundo.

Una forma de "abrir nuevos mercados" es mediante la publicidad dirigida a convencer a las mujeres de que amamantar a sus bebés no es "moderno" y darles el biberón es más sano. Por supuesto que la premisa de tal publicidad es falsa desde el punto de vista médico -amamantar proporciona mayores beneficios en comparación con todos los substitutos sintéticos. (Amamantar le proporciona al bebé inmunidad considerable frente a las enfermedades; crea un fuerte nexo emocional entre madre e hijo; ayuda a prevenir el cáncer de seno en la madre, etc.) Sin embargo, muchas mujeres son engañadas por la publicidad falsa; como resultado de esto, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (United Nations Children's Fund, UNICEF), sólo 44% de los bebés son amamantados en el Tercer Mundo. (La proporción es incluso más baja en los países "desarrollados").

Principalmente debido a esta publicidad falsa, según la UNICEF, 1,5 millones de bebés mueren cada año debido a que sus madres, sin darse cuenta, preparan leche de fórmula infantil con agua contaminada, ocasionando diarreas fatales.

Durante la década de los 70, una campaña mundial de grupos de base dirigió su atención hacia este problema, boicoteando los productos de Nestle, un importante productor de leche de fórmula infantil.

En parte debido al boicot de Nestle, la Organización Mundial de la Salud OMS, desarrolló y publicó un "Código para la comercialización de substitutos de leche materna". El código de la OMS prohibe frases como "leche materna humanizada" y "equivalente a la leche materna". Más aun, para proteger a las mujeres iletradas de ser engañadas, el código de la OMS prohibe las fotografías en las etiquetas "que idealicen la alimentación con biberón".

En 1983, Guatemala aprobó una ley y varias regulaciones que incorporaban el código de la OMS. La meta del gobierno guatemalteco era animar a las nuevas madres para que (1) amamantaran a sus bebés y (2) comprendieran completamente los riesgos de sus bebés al usar leche de fórmula infantil como substituto para la leche materna. La ley guatemalteca prohibía el uso de etiquetas que asociaran la leche de fórmula infantil con un bebé sano y regordete; específicamente, la ley prohibía las fotos de bebés idealizados sobre los empaques de alimentos infantiles destinados a niños menores de 2 años. Más aun, la ley guatemalteca exigía que las etiquetas llevaran una declaración que dijera que amamantar es superior en términos nutricionales.

La ley también les prohibía a los fabricantes de alimentos infantiles que distribuyeran muestras gratis de sus productos (si un bebé comienza a tomar las muestras gratis, la madre deja de lactar; convirtiéndose la madre y el bebé en clientes a tiempo completo). Y finalmente, la ley les prohibía a los fabricantes de alimentos infantiles que comerciaran sus productos directamente a las madres jóvenes en los hospitales.

Las regulaciones entraron en efecto en 1988 y todos los fabricantes de alimentos infantiles, domésticos y extranjeros, -con una notable excepción- las cumplieron. La mortalidad infantil atribuible a la alimentación con biberón disminuyó y la UNICEF comenzó a destacar a Guatemala como modelo de lo que puede funcionar.

Sin embargo, el fabricante estadounidense de alimentos infantiles, Gerber (cuyo lema es: "Los bebés son nuestra empresa"), objetó la nueva ley de Guatemala. Según se informa, aunque el Ministerio de Sanidad de Guatemala hizo muchos intentos de negociar con Gerber, la compañía continuó vendiéndole su leche de fórmula infantil directamente a las madres en el hospital y continuó distribuyendo muestras gratis entre los médicos y las guarderías infantiles.

Lo que es más importante, Gerber se negó a quitar de las etiquetas de sus productos su foto de marca registrada que muestra a un bebé sonriente y regordete, y se negó a añadir una frase que dijera que la leche materna era superior. Resumiendo, Gerber se burló de las autoridades sanitarias guatemaltecas, que estaban tratando de proteger del peligro a sus ciudadanos más vulnerables, los bebés.

En noviembre de 1993 -diez años después de que Guatemala aprobara su ley, y cinco años después de hacerse efectivas sus regulaciones- Gerber perdió su última apelación. Un Tribunal Administrativo guatemalteco falló a favor del Ministerio de Sanidad y parecía que incluso Gerber tendría que acatar la ley guatemalteca.

Pero Gerber lanzó una nueva ofensiva sobre Guatemala, argumentando que la ley guatemalteca era ilegal según los estatutos internacionales debido a que en realidad la ley era una "expropiación de la marca comercial de Gerber". Esta táctica le dio a Gerber cierto tiempo mientras se creaba la Organización Mundial del Comercio, OMC (World Trade Organization, WTO). Entonces, en 1995, cuando comenzó a funcionar la OMC, Gerber retiró su demanda de expropiación ilegal de su marca comercial y comenzó a amenazar a Guatemala con protestar contra ella ante un tribunal de la OMC.

En poco tiempo, Guatemala se dio cuenta de que se encontraba frente a un inmenso poder y el gobierno guatemalteco cambió su ley para permitirle a Gerber salirse con la suya. Gerber ganó sin nunca haber tenido que pedirle formalmente a los E.U.A. que llevaran su caso a la OMC. Fueron suficientes tan sólo unas cuantas cartas con la amenaza de la OMC.

Este ejemplo ilustra otra propiedad maravillosa de la OMC -la facilidad con la que los países pequeños y pobres pueden ser intimidados por las corporaciones transnacionales para que "abran sus mercados". Según las reglas de la OMC, los países tienen que abrir sus mercados a las corporaciones extranjeras y los gobiernos no pueden establecer, como condición para hacer negocios, que se respeten sus leyes domésticas. De hecho, la OMC les ha dado a las corporaciones una vía nueva y poderosa para desafiar las leyes de cualquier gobierno (federal, estatal o municipal).

Muchos países pobres, incluyendo Guatemala, no tienen los medios para mantener una delegación a tiempo completo que observe a la OMC en Ginebra, Suiza. Tampoco pueden mantener a expertos legales propios especializados en las normas de la OMC que cambian constantemente. Estos países podrían contratar legalmente asesores y expertos de afuera para defenderse de un desafío de la OMC, pero el costo de una defensa como ésa podría ser de varios millones de dólares. Los países que saben mover las cuerdas en Suiza y tienen dinero para gastar pueden usar procedimientos tretas que hacen de la OMC una arena muy costosa en la cual litigar. Por ejemplo, un país puede desafiar las credenciales de la delegación de otro país, prolongando de esta manera las reuniones por tiempo indefinido. Como escribió la organización de Ralph Nader, Public Citizen: "La práctica de la OMC de permitirles a los adversarios ricos objetar las delegaciones de los países pobres debilita la participación significativa de los países pobres en la OMC -y convierte las amenazas de protesta de la OMC en herramientas enormemente poderosas para impedir la adopción de medidas preventivas de salud pública por los países pobres que son los que más las necesitan" [1, pág. 117].

Las corporaciones farmacéuticas de los E.U.A. y Europa evidentemente aprendieron una lección importante de la victoria de Gerber sobre Guatemala. Las corporaciones de medicinas han lanzado una campaña de amenazas contra los países que están tratando de hacer medicinas más asequibles y accesibles para sus ciudadanos. Suráfrica, Tailandia y la India son ejemplos de esto.

En 1997, bajo el liderazgo de Nelson Mandela, Suráfrica aprobó una Ley de Medicinas que todavía no ha entrado en efecto por completo. Cuando todas las disposiciones de la ley sean implementadas, se fomentará el uso de las medicinas genéricas de bajo costo y se les prohibirá a las compañías de medicinas que les paguen recompensas a los doctores por recetar medicinas específicas. La Ley de Medicinas tiene dos disposiciones adicionales que las corporaciones farmacéuticas encuentran particularmente de mal gusto:

(1) La ley les exige a las compañías farmacéuticas que otorguen sus productos bajo licencia a otras compañías que entonces tienen que pagarles regalías a quienes desarrollaron el fármaco. Una ley como ésta estimula la competencia en la fabricación de fármacos nuevos, poniendo así los fármacos modernos a la disposición a un costo reducido.

(2) La segunda disposición es la llamada "importación paralela", que permite que un producto farmacéutico sea importado de varios países distintos simultáneamente, tomando ventaja de esta manera de los precios más bajos disponibles. Por ejemplo, el antibiótico Amoxicilina cuesta 50 centavos por tableta en Suráfrica, 30 centavos en Nueva York y sólo 4 centavos en Zimbabwe [1, pág. 114]. La nueva ley de Suráfrica haría que la Amoxicilina fuese más barata y que por lo tanto estuviese más disponible para la gente de Suráfrica, en gran parte gente pobre.

Ahora las corporaciones farmacéuticas transnacionales, con ayuda de la administración Clinton/Gore, están usando amenazas de acción de la OMC para obligar a Suráfrica a que revoque su Ley de Medicinas. Cuando los activistas del SIDA protestaron el papel de la administración Clinton/Gore al tratar de anular la Ley de Medicinas de Suráfrica, un "asesor veterano de Gore" emitió una declaración defendiendo a Gore: "Obviamente, el Vicepresidente tiene que dar la cara por los intereses comerciales de las compañías estadounidenses" [1, pág. 121]. Gore está haciendo más que meramente dar la cara por las corporaciones estadounidenses. Los memorándums del Departamento de Estado de los E.U.A. describen una "fuerte ofensiva", dirigida por Gore, para obligar a Suráfrica a "anular, suspender o finalizar" su Ley de Medicinas. De la manera en la que lo ven los E.U.A., sencillamente no hay alternativa -según las normas de la OMC, los derechos de propiedad intelectual de las corporaciones tienen una prioridad mayor que la salud humana. Esta es, de hecho, la interpretación correcta de las normas de la OMC. Sin embargo, Gore parece reconocer que su campaña contra la asistencia médica para los pobres en Suráfrica pudiera volverse contra él. Cuando se vio presionado por el grupo ACT-UP en junio de 1999, Gore emitió una declaración negando que estaba presionando a Suráfrica [1, pág. 123].

El caso de Suráfrica no es único. En 1992, Tailandia formó un Comité de Revisión Farmacéutica, el cual estableció la licencia obligatoria de las medicinas. A una compañía con una patente exclusiva para una medicina de importancia crítica se le exigía que la diera en licencia a otras compañías para que la produjeran, con regalías pagadas a quien tuviera la patente. Esto originó competencia y bajó el precio de las medicinas de importancia crítica para la gente de Tailandia; como por ejemplo el Flucanazole de Pfizer, usado para tratar la meningitis. Después de la licencia obligatoria, el costo del tratamiento con Flucanazole en Tailandia cayó de $14 por día a $1 por día. Sin embargo, los E.U.A. presionaron incesantemente a Tailandia durante 7 años, hasta que el Comité tailandés de Revisión Farmacéutica fue abolido formalmente. Los E.U.A. argumentaron con éxito que un comité como ése era ilegal según las normas de la OMC [1, pág. 113]. Según las normas de la OMC, los derechos corporativos de la propiedad intelectual tienen una prioridad mayor que la salud humana.

Por muchos años, la India tuvo una ley que hacía ilegal patentar una sustancia "destinada al uso, o capaz de ser usada como alimento o medicina o fármaco" [1, pág. 105]. En 1997, un tribunal de la OMC dictaminó que la ley de la India era ilegal. Usando a la OMC como ariete, los E.U.A. presionaron con éxito a la India para que abandonara su prohibición de patentar alimentos y fármacos.

Ahora, W.R. Grace ha presentado una petición para una patente estadounidense de un subproducto con propiedades pesticidas fabricado a partir del árbol de Neem, que sólo crece en la India. El árbol de Neem ha sido usado durante siglos en la India para hacer medicinas y pesticidas biológicos. De hecho, el árbol de Neem tiene el apodo de "la farmacia de la aldea". W.R. Grace alega que tiene un nuevo método para producir los pesticidas que la gente del lugar lleva produciendo hace cientos de años. Grace ahora dice que merece el derecho exclusivo de vender los productos que fueron desarrollados por las comunidades nativas -y Grace argumenta que según las normas de la OMC, el gobierno de la India tiene la obligación de hacer cumplir los derechos de patente de Grace [1, pág. 110].

Pareciera que la OMC es un vehículo casi perfecto para extender el dominio corporativo en cada rincón del mundo. Pero las corporaciones todavía no están satisfechas. El propósito de la reunión de la OMC en Seattle del 29 de noviembre al 3 de diciembre es consolidar y extender aun más el poder de la OMC. Para participar, llame gratis al 1-877-STOPWTO.


[1] Lori Wallach y Michelle Sforza, WHOSE TRADE ORGANIZATION?: CORPORATE GLOBALIZATION AND THE EROSION OF DEMOCRACY (Washington, D.C.: Public Citizen, Inc., 1999). ISBN 1582310017; teléfono (202) 588-1000.

Este artículo es del semanario "Rachel" editado por:
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